Frenéticamente miramos por todos lados buscando un camino, un árbol, algo conocido, algo familiar, algo que nos pudiera indicar en dónde estábamos y cómo podíamos regresar a casa. El miedo era sobrecogedor, invadiendo y penetrando hasta mi interior. ¿Cómo íbamos a llegar a casa? ¿Qué iba a suceder? ¿Había animales salvajes? ¿Tendremos que pasar la noche aquí? ¡Estábamos perdidos en el bosque! Y no teníamos ni la más minima idea de cómo regresar a casa.
Unas horas antes, mis dos hermanos y yo, acompañados por dos amigos, nos habíamos adentrado en el bosque para explorar y jugar. Nuestros papás se encontraban platicando con los papás de nuestros amigos, así que aprovechamos para escaparnos e ir en búsqueda de una aventura. En un principio sí nos divertimos mucho. Era toda una aventura, siguiendo por las sendas que los venados y otros animales habían trazado por el bosque. Chapoteamos en los arroyos, aventamos piedras, hicimos espadas de las ramas de los árboles. De veras la pasamos bien. Pero mientras nos divertíamos, algo estaba sucediendo desapercibidamente. ¡Nos estábamos perdiendo y no nos dábamos cuenta! Fíjese que es posible perderse sin darse cuenta.
¿Está usted perdido? ¿Perdido? Sí, perdido. No me refiero a estar perdido físicamente, sino perdido espiritualmente. Por ejemplo, en la Biblia se registra una historia de un joven que vivía su vida como le daba la gana. Habiendo recibido su herencia, se fue de viaje, y gastó el dinero en placeres. Que sepamos, el joven tenía todo, pero la Biblia dice que estaba perdido espiritualmente, es decir, que estaba alejado de Dios. De hecho, estaba sin Cristo, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Efesios 2:12). Nosotros también podemos tenerlo todo y estar perdidos. Podemos estar pasándola bien, sin preocupaciones, sin problemas, divirtiéndonos en el mundo sin darnos cuenta de nuestra condición espiritual y el peligro que corremos. Así estabamos en el bosque y así hay muchas personas en el mundo. Así que vuelvo a preguntarle: ¿está usted perdido?
Efectivamente la Biblia dice que todos estamos perdidos. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”, Isaías 53:6. Tal como fuimos a buscar una aventura y escogimos nuestro camino, así es cada persona espiritualmente delante de Dios. Le pregunto: ¿Quién tiene la culpa y la responsabilidad? Bueno, cuando mis hermanos, amigos y yo nos perdimos ¿Quién tenía la culpa? Pues, nosotros. Fíjese que este versículo nos culpa de habernos perdido porque por la naturaleza pecaminosa que tenemos nos hemos alejado de Dios y hemos buscado nuestro propio camino, un camino sin Dios, un camino de pecado. Ahora bien, si uno sigue en ese camino en el fin estará perdido eternamente.
Allí en el bosque, en cuanto que nos dimos cuenta de que andábamos perdidos, empezamos a buscar el camino a casa. Imagínese, ¡perdidos en un bosque! Buscamos desesperadamente el camino a casa. Eso, mi estimado lector, es algo importante en cuanto a la salvación. ¿No ve? Cuando uno de veras se da cuenta de su condición espiritual, que está perdido, empieza a buscar desesperadamente la salvación. ¿Ha entendido su condición y ha buscado el camino, la salvación?
Había muchos caminos que nos parecían correctos, pero ninguno nos llevó a casa. También así dice la Biblia: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”, Proverbios 14:12. Eso quiere decir que para nosotros hay caminos que nos parecen bien o correctos pero no lo son. Por ejemplo, para llegar al cielo muchos confían en el camino de la religión o el camino de las buenas obras, o el de la reformación o el de otros ritos, pero ninguno de estos caminos lleva al cielo sino a la condenación. El único camino que lleva a Dios Padre es el Señor Jesucristo, quien dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí”, Juan 14:6.
No sé cuánto tiempo pasamos buscando el camino a casa, pero al final nos dimos cuenta de que nosotros no podíamos, y nos rendimos. En ese momento en que nos dimos por vencidos, decidimos que íbamos a confiar en otro y seguirlo. Éramos niños chiquitos y con una sencilla fe confiamos plenamente en el perro de mis amigos y lo empezamos a seguir. En seguida el perro nos llevó a casa y no habíamos hecho más que confiar en él. No me tome mal, pero así es la salvación. O sea, uno solo no se puede salvar. Pero cuando uno se da por vencido, es decir, se da cuenta que no puede salvarse a sí mismo, puede entender que Jesucristo es el único Salvador y que Él ya lo hizo todo en la cruz cuando murió por nuestros pecados. Y en ese momento la persona puede confiar plenamente en Jesucristo para su salvación. Hoy, si usted se encuentra perdido espiritualmente, crea en el Señor Jesucristo quien vino a buscar y salvar lo que se había perdido, y Él lo salvará hoy y en un futuro lo llevará a la casa del Padre.
Por Jasón Wahls
