¿Qué dice la Biblia acerca de la muerte?

por Homero Gallegos

En México cada dos de noviembre se celebra el día de los muertos. Por un tiempo las personas recuerdan a sus seres queridos que han fallecido y realizan diferentes tradiciones. Durante este tiempo uno puede observar algunas cosas que normalmente preferimos evitar. Por ejemplo, la muerte es universal. Como dice un autor: de cada ser humano, uno muere. La gente se pregunta muchas cosas: ¿por qué morimos? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Qué pasará con mis parientes que han fallecido, o conmigo? La Biblia explica muchas de estas cosas y en este artículo resumiremos algunas verdades bíblicas.

Tres tipos de muerte

Para empezar, hablaremos de los tipos de muerte que la Biblia menciona: la muerte física, la muerte espiritual y la segunda muerte.

La muerte física es lo que la mayoría de nosotros piensa cuando escucha la palabra «muerte»; el cuerpo deja de funcionar.  En la Biblia hay muchos ejemplos de personas que mueren físicamente, desde Génesis hasta Apocalipsis.

Ahora, en el sentido más profundo, lo que nos duele de la muerte no es que el cuerpo deje de funcionar. Lo más doloroso es la separación de nuestro ser querido. Ya no le veremos, no podremos platicar con él, reír con el, llorar con él. Eso nos ayuda a entender el segundo tipo de muerte, la muerte espiritual. Según la Biblia, las personas están separadas de Dios (Isaías 59:2), destituidas de su gloria (Romanos 3:23), son enemigas de Dios (Romanos 5:10), y están muertas en sus delitos y pecados (Efesios 2:1). Usted puede tener vida física, pero si está separado de Dios, está muerto espiritualmente.

El tercer tipo de muerte está relacionado con los dos anteriores. Si una persona muere físicamente sin haber dejado de estar muerto espiritualmente, estará muerto por la eternidad, para siempre separado de Dios, en un lugar de tormento.

Un pasaje que habla claramente de estos aspectos se encuentra en Lucas 16:19-31. En él se describe a dos personas que murieron (físicamente), pero uno fue al «seno de Abraham» y otro fue al «Hades».  En este pasaje, la persona que fue al Hades estando allí «alzó sus ojos, estando en tormentos» y suplica por misericordia. Abraham le dice que ya no se puede hacer nada por él; que «una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.» Este pasaje enseña que la muerte eterna no es agradable y que es final, inapelable.  Si usted no arregla su problema de muerte espiritual antes de morir físicamente, no podrá hacer nada después de morir. Por cierto, el pasaje también enseña que los muertos no pueden regresar a hacer contacto con los vivos.

La razón de la muerte

Usted podría preguntarse por qué debe ser así, por qué Dios dejaría que alguien sufriera así por la eternidad.  La Biblia es muy clara al respecto y dice que «la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23) y «El alma que pecare, esa morirá» (Ezequiel 18:20).

No es difícil ver que pecados específicos puedan provocar muerte, pero aún cosas que consideraríamos pequeñas pueden provocar cosas muy graves en esta vida, y según la Biblia provocan la ira de Dios y la consiguiente condenación.  La Biblia dice que «la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres […] estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican» (Romanos 1:16,29-32). Entonces, según la Biblia, todos somos dignos de muerte, ya que cada uno de nosotros ha cometido alguno de estos pecados.

La victoria sobre la muerte

Ante este panorama Dios ofrece una solución.  El capítulo 2 de la epístola del apóstol San Pablo a los Efesios dice lo siguiente:

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.  Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.  Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. […]  En aquel tiempo estabais sin Cristo […] sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Note varias cosas de este pasaje.  Es Dios mismo el que dice que nosotros estamos muertos en nuestros pecados.  Lo que quiero decir es que ni nuestras buenas obras pueden ocultar el pecado de los ojos de Dios, de hecho dice que uno puede ser salvo de la muerte no por obras y que éramos por naturaleza hijos de desobediencia.  Y aunque es Dios el ofendido por nuestro pecado, al mismo tiempo Él mismo es el que ofrece la solución: pero Dios … nos dio vida. La solución está en la muerte y resurrección del Señor Jesucristo: hechos cercanos por la sangre de Cristo, juntamente con él nos resucitó.  En la cruz el Señor Jesús recibió el castigo que nosotros merecíamos por nuestro pecado, y cargó la ira de Dios que debía ser derramada sobre nosotros.

 

Aunque el Señor ya obró todo lo necesario para que seamos salvos, este pasaje dice que somos salvos por medio de la fe.  Uno de los versículos que citamos antes, Romanos 6:23 dice en su totalidad: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».  Dios ha hecho todo lo necesario para que usted sea salvo de la muerte eterna, ha enviado a su Hijo a morir en su lugar y le ha resucitado para garantizarle la vida eterna.  Es un don, un regalo.  Usted puede aceptarlo hoy, o rechazarlo.  El Señor Jesús dijo: «El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida» (Juan 5:24) y «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25). La fe es el medio por el cual usted puede aceptar la salvación que Dios le ofrece.

No solo es cierto que el Señor Jesús puede darle vida eterna, de hecho él es el único que le puede dar la vida. La Biblia dice: «El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida» (1 Juan 5:12).

No es necesario que espere más.  Usted puede ser salvo ahora de la muerte.  Crea en el Señor Jesucristo y sea salvo.